martes, 21 de diciembre de 2010

Sobre los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación


Justicia, un camino sin final
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Guillermo Ortiz Mayagoitia rindió su último informe de labores como presidente de la Suprema Corte. En enero, los integrantes de la Corte votarán por Juan Silva Meza, que será la nueva cabeza del Poder Judicial federal. A partir de la reforma judicial de 1995, los ministros de la Corte eligen a su presidente por cuatro años. Los ministros presidentes anteriores fueron Vicente Aguinaco, Genaro Góngora y Mariano Azuela. Ninguno de los cuatro impactó de tal manera que se pueda hablar de la Corte de Aguinaco, Azuela, Góngora u Ortiz. Aguinaco sorteó las dificultades derivadas de unas conversaciones grabadas clandestinamente que mostraban inconfesables arreglos. Góngora, amparado en una supuesta neutralidad e independencia, actuaba tras bambalinas a favor de un partido político (PRD). El dudoso mérito de su contrarreforma judicial fue la subordinación del Consejo de la Judicatura Federal. Mariano Azuela, conforme a la teoría del péndulo, se ubicó a la derecha de la izquierda gongoriana y le dio por asesorar jurídicamente al gobierno foxista en el fracasado desafuero a López Obrador. Culminó tristemente su carrera judicial con ese estigma histórico.
Ortiz Mayagoitia llevó la fiesta en paz y mantuvo serenidad ante el poder. Su última gestión política la hizo el día de su informe al agradecer al presidente Calderón que la terna enviada al Senado, que fue rechazada, haya incluido a integrantes del Poder Judicial para alcanzar un sano equilibrio en la Suprema Corte. Señaló que cuatro ministros en funciones se formaron en el Poder Judicial de la Federación. Desaprovechó la ocasión para decir lo evidente: El sistema de ternas no funciona. Las nominaciones presidenciales en terna están altamente politizadas. El sistema propicia el bochornoso espectáculo de los aspirantes a ministros o consejeros cabildeando a los senadores. Los senadores aprovechan para negociar sus designaciones: ¿un ministro de la Corte por dos consejeros del IFE?
En Estados Unidos, donde no existe la carrera judicial, los presidentes designan al presidente de la Suprema Corte, de por vida, y nombran a los jueces asociados (ministros), con la aprobación del Senado, también de por vida. En ese país no se había nombrado un juez asociado de la Suprema Corte que no hubiera tenido experiencia judicial desde hacía cuarenta años. Los últimos fueron los juristas Lewis Powell y William Rehnquist, designados por Nixon, el primero falló en contra de Nixon en el asunto Watergate, el segundo se abstuvo por haber formado parte de la administración de Nixon.
La recién nombrada juez asociada Elena Kagan, con experiencia académica y administrativa, jamás había sido juez y es la única entre los nueve integrantes que viene de fuera. Hay quienes piensan que sólo se puede ser buen juez asociado de la Suprema Corte si se tiene experiencia judicial y hay quienes, por el contrario, creen que conviene que alguien que no lo ha sido traiga nuevas ideas y maneras de ver la justicia.
En México, los ministros provenientes del Poder Judicial están en minoría (4) frente a los de “fuera” (6). Parece razonable que la vacante sea cubierta por un magistrado (a) de circuito para mejorar el equilibrio. Lo que también hace falta es debatir si la gestión presidencial de cuatro años deberá extenderse otros cuatro más al permitirse la reelección inmediata del presidente de la Suprema Corte.
Por lo pronto, los desencuentros entre el Presidente y el Senado propiciaron condiciones para un mayor rezago en la Suprema Corte al no poderse integrar plenamente.
En el Distrito Federal, a la vanguardia en muchas cosas, se planteó (PRD) ya una iniciativa a fin de que el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal pueda reelegirse, si sus pares así lo determinan. La justicia, anhelo social siempre pendiente, es un largo camino sin fin, que hay que recorrer.
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Publicado en Excélsior, 21 de diciembre de 2010.

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