miércoles, 21 de diciembre de 2011

Sobre Ayotzinapa

Yo, ciudadano
López Rosas: luchas
Gustavo Martínez Castellanos
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En una conferencia dictada en este puerto, el licenciado Alberto López Rosas, ex Procurador de Justicia del Estado de Guerrero, insistió en la defensa de los policías ministeriales que tuvo a su cargo, hoy detenidos por el caso Ayotzinapa.
El evento ocupó el encabezado de la edición del lunes 19 del Sol de Acapulco y, la nota, más de la mitad de la página 7-A. En ella, José Francisco Zorrosa reproduce detalladamente la exposición del ex fiscal y menciona los elementos en que éste se apoya para probar la inocencia de sus ex agentes. Al final de la media plana, aún resuena potente su pregunta: ¿Por qué la PGR aún no ha encontrado a los verdaderos culpables?
Para López Rosas limpiar el nombre de sus ex agentes es limpiar su propio nombre. Y el del gobierno de Aguirre. Sin embargo, detrás de esos objetivos puede advertirse una aspiración mayor: dejar debidamente asentado que ni entre nuestros policías, ni entre sus mandos, ni en este gobierno, se encuentran los asesinos de los estudiantes normalistas: los guerrerenses no matan guerrerenses. La Procuraduría General de la República debe buscar en otro lado y debe buscar bien. No puede permitirse equivocarse en este caso.
Es por ello que, presumo, López Rosas presentó inmediatamente su renuncia y que, después, aceptó sin reparos su cese: para encarar con entera libertad al sistema judicial mexicano. Esa libertad, lo sabe, es imposible dentro del gobierno.
Y para el gobierno; obligado a moverse en la pesada institucionalidad que imponen los márgenes y los tiempos burocráticos y legales. Por ello, es que López Rosas tampoco replica al continuo “desmarcarmiento” que el gobierno hace de sus declaraciones. Ni, a su vez, refuerza el respeto con que el gobierno hace ese “desmarcamiento”, que si bien no reconoce su lucha, tampoco la descalifica. En esa sana distancia entre ambos hay un espacio en el que puede vislumbrase que de una u otra forma siguen trabajando juntos.
Vista así, es posible pensar que, hasta el momento, la lucha de López Rosas haya impedido que sus colaboradores sean injustamente declarados culpables. Y, además, que pueda orillar a la PGR a encontrar a los verdaderos responsables de la tragedia que enlutó Guerrero, a hacer justicia a los normalistas caídos y, con ello, dar consuelo a sus familias.
A partir de eso, y como una concomitancia, de ganarla, su lucha también podría conseguir revertir la mala imagen que este lamentable suceso imprimió a su carrera pública. Y al gobierno de Aguirre. Y, dentro de esos saldos, podría, inclusive, propiciar que, de ser hallados inocentes, sus muchachos puedan regresar pronto con sus familias.
Empero, desde un superior nivel, la lucha de López Rosas es una admonición, la justicia real debe exigirse con inteligencia y dentro de la legalidad: Ius semper loquitur; sí en beneficio y para, pero desde la sociedad.
Quienes me han leído recordarán que he señalado el daño que el gobierno municipal de López Rosas inflingió a la cultura en Acapulco al defenestrar a Aída Espino e imponer a José Dimayuga en su lugar, ya que éste, a su vez, catapultó a la mafiecita cultural que ahora nos agobia desde el IGC en persona de Citlali Guerrero. Con ese mismo afán de señalar la verdad, reconozco la entereza y el intelecto de López Rosas en esta lucha que, de ganarla, le daría a la Justicia en México –y en Guerrero- nuevos horizontes. Pero, sobre todo, daría sosiego a las dolientes familias de los estudiantes caídos y justo descanso a su memoria.
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Nos leemos en la crónica gustavomcastellano@gmail.com
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