miércoles, 9 de marzo de 2011

Sobre el sistema de justicia en México

El sueño de los injustos

Mario Melgar Adalid
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 El presidente Calderón no calculó sus fuerzas para enfrentar al narcotráfico. No consideró la falta de preparación del Ejército mexicano para lides policiacas, ejemplar en otras tareas como los rescates a la población o la protección civil. No pensó en la corrupción de las policías ni en la infiltración de los criminales. Más delicado aún, no tomó en cuenta el endeble sistema de justicia.
La justicia mexicana afecta la posición internacional de México, porque mientras el mundo avanza en la globalización de la justicia o en procesos como la codificación uniforme, nuestro país se encuentra muy lejos de los estándares internacionales en materia de impartición de justicia penal, la más visible por la manera como afecta la vida, los derechos y la seguridad de las personas.
Ahora el sistema de justicia mexicana hace aguas con la exhibición de Presunto culpable, película que se había estrenado antes en Estados Unidos. Cadenas de televisión de ese país la difundieron profusamente doblada al inglés. A nadie sorprendió fuera de México el abandono miserable de la justicia penal ni las cárceles mexicanas, jaulas desvencijadas de los pobres.
Presunto culpable y la secuela que arrastra recorre la conciencia nacional. México sabía de los problemas de la justicia antes de la película, pero no los había visto. Por ello el choque tan brutal. El problema no es la película ni lo que exhibe, sino la incapacidad de la sociedad para vivir en un Estado de derecho.
La revista Nexos publica en su número de febrero varios artículos sobre la justicia mexicana. Uno de ellos es inmejorable: Pedro Salazar, como dice la canción ranchera, subió a la Sala del Crimen. En una visita a la Suprema Corte, el investigador jurídico presenció la división del Olimpo de la justicia mexicana. Narra cómo el ministro Aguirre Anguiano —a punto de concluir su paso por la Corte— no admite falla alguna del sistema, sino se regodea con las hazañas jurídicas del Alto Tribunal. Y quienes por el contrario, funcionarios de avanzada como Arturo Zaldívar o José Ramón Cossío, alertan sobre el riesgo del hundimiento del barco.
En este mismo sentido la decisión del presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Edgar Elías, al haber autorizado la filmación del documental, es ejemplo del ánimo de mostrar la desgraciada situación.
La decisión de un juez de Distrito de cancelar la exhibición de la película por un amparo presentado, tiene enfrentados al Poder Judicial federal con la Secretaría de Gobernación, precisamente la dependencia encargada por ley de conducir las relaciones del Poder Ejecutivo con el Poder Judicial de la Federación.
Si la Secretaría de Gobernación cumple con la orden de la jueza afectará gravemente la libertad de expresión, como bien lo ha planteado Miguel Carbonell. Si no cumple afectará algo peor, que es la independencia y el imperio judicial.
En alguna ocasión en una liga semiprofesional de beisbol patrocinada por el doctor Arturo Milhe, entonces concesionario del Hipódromo de las Américas, el ampáyer tomó una decisión que enfureció al mecenas deportivo, pues afectaba los intereses de su equipo preferido. Ordenó al ampayita —como les dice Vicente Fox, ahora también mecenas deportivo— cambiar la decisión. Así lo hizo. La liga se derrumbó a pesar de los billetes que la respaldaban, pues a partir de ese momento ya no habría seguridad deportiva. Sin jueces no hay justicia.
Los jueces de distrito tienen en sus manos el instrumento crucial, “el eje alrededor del cual se articula el derecho mexicano”, dirían los clásicos, como es el juicio de amparo. No hay un solo abogado mexicano que no esté de acuerdo en que es indispensable modificar sustancialmente el amparo para mejorar el sistema de justicia del país. No obstante nada pasa.
Hace varios años, la Suprema Corte presentó un proyecto de ley de amparo que duerme el sueño de los injustos en el Senado mexicano, sin que nadie parezca tener interés en discutirla, como merecería, la corrección política en el trato entre poderes.
Presunto culpable es la última llamada para encontrar el camino a la justicia. El siguiente documental podría ser demasiado tarde. La injusticia mexicana está encarnada en el sistema que la debería procurar y administrar.
El diario The New York Times, el periódico más influyente en EU, dedica su Perfil de la Semana a José Antonio Zúñiga, el admirable presunto culpable del documental. La nota de media plana da la vuelta al mundo que ve el espeluznante espectáculo de la justicia mexicana. Como decía la abuela: “Dios nos agarre confesados

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